Hoy voy a hablaros del compositor de piezas maravillosas para el ballet de todos los tiempos: Tchaikovsky.
Autor de diversas sinfonías y
conciertos, óperas e innumerables piezas musicales para ballet clásico,
entre las que destacan “El lago de los cisnes” y “El cascanueces”, el
compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovsky nació el 7 de mayo de 1840, en
Votkinsk, Viatka, Rusia.
Dueño de una personalidad extremadamente sensible, Tchaikovsky es sin
lugar a dudas uno de los autores con más vigencia en el repertorio de
las orquestas y compañías de danza clásica en el mundo. Su inteligencia
musical quedó plasmada a través de sus obras.
En 1865, Tchaikovsky había estrenado ya su primera composición para
orquesa, la “Danza de las sirvientas”, en un concierto al aire libre,
dirigido por Johann Strauss, mientras que Nikolai Rubinstein le había
ofrecido la cátedra de armonía en el recién fundado Conservatorio de
Moscú. Durante los siete años que estuvo en Moscú, Tchaikovsky dividió
su tiempo entre la enseñanza y la composición.
Una vez de vuelta en Rusia, en 1888,
compuso el más famoso de todos los ballets del siglo XIX: “La bella
durmiente”, basado en el célebre cuento de Charles Perrault, y que se
estrenó en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, en enero de 1890, con
libreto y coreografía de Marius Petipa. Tchaikovsky llegó a Estados
Unidos en 1891 para participar en los festejos por la inauguración del
Music Hall de Nueva York, rebautizado después como Carnegie Hall. Tras
su regreso a Rusia, en 1892 escribió “El cascanueces”, que se estrenó en
el Teatro Mariinsky, con la coreografía de Ivanov.
En ese mismo año compuso sus dos últimas
obras, el “Concierto para piano número 3” y la “Sinfonía número 6 en Si
menor”, conocida como “Patetica”, la más grandiosa de sus sinfonías que
fue estrenada el 28 de octubre de 1893, y una semana después, el 6 de
noviembre de 1893, Tchaikovsky falleció de cólera.




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